ACERCA DE LA HIPERACTIVIDAD Y DEL DÉFICIT DE ATENCIÓN

Cada 13 de julio se conmemora el Día Internacional del Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad, y, en este marco, el Servicio de Salud Mental de la Clínica Universitaria Reina Fabiola reflexiona sobre este trastorno y cuál es el rol de los tratamientos psicoterapéuticos y psicoanalíticos y de los fármacos.

Si bien el cuadro que nos ocupa pareciera ser de relativamente corta existencia, en verdad fue descripto a comienzos de 1900, con síntomas similares a los que se describen en la actualidad. En la década del 30, fue objeto de tratamientos experimentales con drogas como las anfetaminas, que si bien mejoraban la entonces llamada hiperkinesia, también les generaban a los niños otros graves problemas psicológicos.

En la sociedad, en la cultura, en los medios de comunicación y en los modos de aprendizaje, estamos viviendo tiempos de cambios muy vertiginosos que no escapan al conocimiento de nadie, pero también sabemos que la capacidad de adecuación a estos cambios de las instituciones, en especial las escolares y familiares, no es acorde a la velocidad de estos cambios. A su vez, la sociedad de consumo estimula las demandas y la insatisfacción de los niños hasta niveles muy preocupantes y esto contribuye a la aparición de síntomas de ansiedad, que suelen formar parte de estas dificultades.

Pero nunca debemos perder de vista que cada niño es un ser singular y único, y que la aparición de los síntomas de ansiedad, hiperactividad y dificultades en el aprendizaje o en la conducta nunca responden a las mismas causas y, además, suele ser el único modo que ese pequeño puede utilizar para hacernos saber que está sufriendo. Es tarea de padres, educadores y profesionales poder develar el origen de ese malestar, que puede ir desde una depresión temprana, una falla en la estructura psíquica, hasta una situación de violencia, solo por nombrar algunos orígenes posibles. Las hipótesis de tipo biologistas, que atribuyen un origen orgánico a estos cuadros, no tienen hasta el momento  ninguna confirmación científica, y el éxito de los tratamientos psicoterapéuticos profundos y de los psicoanalíticos contribuyen a desmentir estas teorías.
Es entonces crucial que el diagnostico sea minucioso y realizado por profesionales idóneos, que investiguen a fondo tanto las características individuales del niño, como el contexto familiar y social para arribar a una indicación ajustada a las necesidades de cada situación particular.

En cuanto al tratamiento a indicar, si bien el contexto cultural al que nos referíamos parece imponer rápidamente una medicación que suprima los síntomas, lo aconsejable es reservar estos fármacos solo para aquellos casos en los que se tenga expresa indicación, y privilegiar los tratamientos psicológicos que permitan que el niño supere las causas de su malestar. Por supuesto que para esto, padres y docentes deberán aprender a tolerar la presencia de algunas dificultades en los pequeños, que a veces solo requieren de ser acompañados para que se modifiquen. Tomemos en cuenta, siempre, que es durante la infancia que se forjan los basamentos de la personalidad adulta, y que un niño que aprenda a enfrentar sus dificultades, en lugar de evitarlas, podrá sostener esta capacidad a lo largo de su vida adulta.